La mora de los créditos golpea el consumo y deja a los supermercados frente a una recuperación que no llega

Mientras las familias refinancian deudas y las billeteras virtuales registran niveles de irregularidad cada vez más altos, las ventas reales de los supermercados acumulan cinco meses consecutivos de caída. La economía financiera puede exhibir cierta calma, pero en las góndolas persiste el ajuste.

15 de agosto de 2026

La economía real continúa mostrando señales que desmienten cualquier relato de recuperación consolidada. Las familias no sólo enfrentan ingresos que no alcanzan para recomponer el consumo: además arrastran cuotas, tarjetas, préstamos personales y deudas tomadas durante la expansión crediticia de 2025. Cuando una parte creciente del ingreso debe destinarse a refinanciar obligaciones, pagar intereses o evitar caer en mora, el supermercado deja de ser un espacio de consumo cotidiano y se transforma en el lugar donde se mide, producto por producto, cuánto se puede recortar.

Los datos oficiales permiten observar esa tensión con claridad. Según la Encuesta de Supermercados del INDEC, las ventas a precios constantes cayeron 0,7% interanual en mayo de 2026 y acumularon una baja de 2,8% en los primeros cinco meses del año. La contracción fue más profunda al comienzo del período: enero retrocedió 1,2%, febrero 3,1%, marzo 5,1% y abril 3,7%. Aunque mayo mostró una caída menor y una mejora mensual desestacionalizada de 0,9%, la tendencia de fondo sigue siendo negativa: el consumo masivo todavía no recuperó el nivel que tenía un año atrás. Datos oficiales del INDEC

En paralelo, la mora bancaria de las familias alcanzó 12,8% de la cartera en mayo, frente al 12,1% de abril, de acuerdo con el último Informe sobre Bancos del Banco Central. El indicador de irregularidad del crédito total al sector privado llegó a 7,7%, mientras que el crédito a empresas mostró una mora de 3,5%. Es decir: la fragilidad está concentrada en los hogares, que son precisamente quienes sostienen el consumo de alimentos, productos de limpieza, bebidas, carnes y artículos de uso diario. Informe sobre Bancos del BCRA

El problema se vuelve todavía más delicado fuera del sistema bancario tradicional. El Banco Central informó que la irregularidad de la cartera de los proveedores no financieros de crédito llegó a 26,9% en febrero de 2026; en los préstamos personales alcanzó 34,1%. Allí aparecen las fintech, las billeteras virtuales, las tarjetas no bancarias y otras entidades que suelen financiar a personas sin acceso pleno al crédito bancario o que ya agotaron su capacidad de endeudamiento formal. Son familias que muchas veces usan el crédito para cubrir gastos corrientes, no para invertir ni mejorar su patrimonio. Informe de proveedores no financieros de crédito

El economista Orlando Ferreres advierte que la aparente estabilización de la mora bancaria durante junio no debe confundirse con una solución estructural. La baja marginal del indicador puede responder al refinanciamiento de carteras y al aumento del stock total de préstamos, no necesariamente a una mejora efectiva en la capacidad de pago de las familias. En otras palabras, la deuda puede seguir existiendo, pero quedar reordenada dentro de planes más largos, cuotas nuevas o intereses acumulados.

La relación entre mora y consumo no debe presentarse como una causalidad automática, porque intervienen salarios, precios, empleo, tarifas y expectativas. Sin embargo, ambas curvas avanzan en una misma dirección preocupante: mientras aumenta la dificultad para cancelar créditos, las familias reducen compras, sustituyen primeras marcas, postergan bienes durables y limitan incluso gastos básicos. La economía de Milei puede mostrar números financieros más ordenados, pero no logra traducir esa estabilidad en una mejora palpable para quienes hacen las compras, pagan la tarjeta y llegan cada mes con menos margen.

Para Colegiales, Palermo y el resto de los barrios porteños, la escena ya no se mide solamente en estadísticas nacionales. Se ve en el changuito más chico, en el comercio que vende menos, en la cuota que se refinancia y en la familia que dejó de comprar lo que antes consideraba normal. La discusión económica no puede agotarse en la inflación o el equilibrio fiscal: si el crédito se vuelve una trampa y el supermercado sigue perdiendo ventas reales, la recuperación no está llegando a la vida cotidiana.