Ubicado en Teniente Benjamín Matienzo 3055, frente al Colegio Santo Tomás de Aquino y a metros de Zapiola, el complejo fue proyectado por el Estudio Najlis-Wolaj Arquitectos. Sus cubiertas curvas no son una cúpula ornamental: forman parte de los espacios comunes y le dan identidad a una construcción pensada como un pequeño barrio dentro del barrio.
Quien camina por Teniente Benjamín Matienzo al 3000 probablemente levante la vista al llegar a Zapiola. Allí aparece un edificio diferente, extendido sobre un frente de aproximadamente 84 metros, con balcones, terrazas, jardines y una curiosa cubierta ondulada que parece flotar sobre el último piso. Es el complejo residencial Verde Matienzo, ubicado en el número 3055, una de las obras contemporáneas más reconocibles de este sector de Colegiales.
El proyecto fue realizado por el Estudio Najlis-Wolaj Arquitectos, integrado entonces por los arquitectos Horacio Najlis y Ernesto Wolaj. Su construcción comenzó durante el auge inmobiliario de la segunda mitad de la década de 2000 y la entrega de las viviendas estaba prevista originalmente para 2009. En las presentaciones iniciales, sus autores definieron la propuesta con una frase bastante precisa: un edificio con “espíritu de barrio y alma de ciudad”.
Un conjunto de viviendas y no una torre aislada
Verde Matienzo fue pensado como un complejo horizontal, de baja altura y gran desarrollo sobre la línea municipal. En lugar de levantar una torre que rompiera la escala de Colegiales, los arquitectos distribuyeron las viviendas en varios niveles, con balcones corridos, expansiones, patios y terrazas. Esa decisión permite que el edificio dialogue mejor con las plazas, las instituciones educativas y las construcciones relativamente bajas que todavía sobreviven en esta parte del barrio.
Las publicaciones realizadas durante su lanzamiento describían 42 unidades, mientras que la información actual de la administración del complejo registra 44 viviendas. La diferencia podría deberse a modificaciones efectuadas durante la obra o a una posterior subdivisión de algunas unidades. El conjunto incluye departamentos de distintas dimensiones: monoambientes y viviendas de uno, dos, tres y hasta cuatro dormitorios, con superficies que originalmente iban aproximadamente desde los 42 hasta los 255 metros cuadrados.
Las unidades más grandes fueron concebidas como verdaderas casas en altura, algunas desarrolladas en tres niveles, con jardín propio, terrazas y playroom. No se trató, por lo tanto, de repetir un único departamento muchas veces, sino de reunir distintas tipologías dentro de una misma estructura residencial.
¿Qué hay debajo de las cubiertas curvas?
La parte ondulada que se observa desde la vereda no sería un salón de fiestas tradicional colocado como una caja sobre la terraza. La cubierta curva forma parte del remate arquitectónico que reúne varios de los espacios comunes del edificio. Allí se proyectaron el gimnasio panorámico, el salón de usos múltiples, las parrillas y sectores de expansión, aprovechando las vistas abiertas sobre el entorno.
La forma curva suaviza el coronamiento del conjunto y evita la típica terraza poblada de tanques, conductos y agregados sin diseño. Desde la calle, esos techos generan una silueta continua que recuerda a una ola o a una gran nave industrial contemporánea. La estructura metálica, los paños vidriados y las pérgolas completan una imagen que combina materiales modernos con cierta memoria fabril, muy ligada a la historia productiva de Colegiales.
No es exactamente una cúpula en el sentido clásico del término. Es una cubierta abovedada de perfil curvo, utilizada para resolver espacios amplios y luminosos sin que el edificio pierda su escala horizontal. La forma también permite que los sectores comunes reciban luz natural y tengan una relación directa con las terrazas.
Pileta climatizada, gimnasio, sauna y jardines
El edificio fue promocionado en su lanzamiento como un complejo residencial con numerosos servicios. Entre las comodidades proyectadas y posteriormente informadas por su administración se encuentran una pileta climatizada de aproximadamente 17 metros, solárium, deck, jacuzzi, gimnasio panorámico, sauna, vestuarios, salón de usos múltiples con kitchenette y toilette, parrillas, jardines y laundry.
También se contemplaron vigilancia en el acceso, cámaras en distintos sectores, conexión inalámbrica en las áreas comunes y vestuarios con lockers para el personal ocasional. Según la información actual del administrador edilicio Trigonium, las superficies comunes alcanzan aproximadamente 2.319 metros cuadrados, una cifra importante para un conjunto de escala intermedia.
La presencia de jardines no fue un detalle decorativo. El proyecto buscó construir un pulmón interior y relacionarlo con los espacios verdes existentes en el entorno. Los balcones, las terrazas y las pérgolas metálicas funcionan como transiciones entre el interior de las viviendas y ese paisaje compartido.
Una fachada con profundidad
La arquitectura del edificio no se apoya en una fachada plana. Está compuesta por balcones salientes, paños de vidrio, barandas metálicas, parasoles, pérgolas y diferentes retiros. Esa superposición genera luces y sombras que cambian durante el día y ayuda a proteger las viviendas del sol directo.
En la planta baja, los cerramientos de madera aportan calidez frente al predominio del hormigón, el metal y el vidrio. En los pisos superiores aparecen grandes ventanales, balcones continuos y terrazas semicubiertas. El último nivel se retira respecto de la calle y queda protegido por una estructura liviana, decisión que reduce visualmente la altura total.
La fotografía tomada desde Matienzo muestra, además, cómo el edificio envejeció acompañado por los árboles de la vereda. Las ramas se mezclan con las líneas de las pérgolas y los balcones, mientras la franja de césped conserva algo poco habitual en Buenos Aires: una separación verde entre el edificio y la calle.
Entre Colegiales y Palermo Hollywood
Cuando el emprendimiento salió al mercado, algunas publicaciones inmobiliarias lo ubicaban en Palermo Hollywood y otras en “Nuevo Colegiales”. La dirección, sin embargo, se encuentra dentro de Colegiales, muy cerca del límite informal utilizado por el mercado para promocionar propiedades como parte de Palermo.
El complejo está sobre Benjamín Matienzo, entre Zapiola y Freire, frente al Colegio Santo Tomás de Aquino y próximo a instalaciones de Edenor, plazas y espacios educativos. También posee una conexión rápida con las avenidas Federico Lacroze, Cabildo, Álvarez Thomas y Córdoba, además del ferrocarril Mitre y distintas líneas de colectivos.
Esa ubicación explica una parte central del proyecto: estar cerca del movimiento gastronómico, cultural y nocturno de Palermo, pero mantener la tranquilidad residencial de Colegiales. En vez de buscar altura, Verde Matienzo apostó por el desarrollo horizontal, las viviendas familiares y los espacios comunes.
Una obra que todavía despierta curiosidad
A casi dos décadas de su presentación, Verde Matienzo continúa llamando la atención. No necesita una torre de veinte pisos ni una fachada estridente para destacarse. Lo logra mediante su cubierta ondulada, su largo frente, la variedad de balcones y una composición que intenta respetar la escala barrial.
La gran “ola” del techo es, finalmente, mucho más que una rareza visual. Es el remate de un edificio que ubicó la vida común —el gimnasio, las reuniones, las parrillas, las terrazas y las vistas— en la parte más visible de su arquitectura. Allí arriba, Colegiales también tiene su pequeño mirador contemporáneo.