El 58% siente que la Argentina empeoró

Día del Himno Nacional: mientras suena el “Oid mortales”

Cada 11 de mayo, la Argentina celebra el Día del Himno Nacional. Las escuelas preparan actos, los chicos practican la canción patria, los veteranos recuerdan otros tiempos y las bandas militares vuelven a tocar esa melodía que nació en plena revolución de 1813. Pero este 2026 encuentra al país en un clima raro, áspero, cansado. Porque mientras suenan los acordes de Blas Parera y las palabras de Vicente López y Planes, una mayoría de argentinos siente que la realidad cotidiana se volvió más dura.

Según la última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, el 58% de los argentinos cree que la situación del país empeoró en el último año. Y ahí aparece una contradicción profundamente argentina: un himno que habla de gloria, libertad e igualdad en medio de una sociedad donde cada vez más personas sienten incertidumbre, bronca y agotamiento económico.


“Oíd mortales”: un himno nacido para levantar a un pueblo

El Himno Nacional Argentino fue aprobado el 11 de mayo de 1813 por la Asamblea del Año XIII. No nació en una oficina cómoda ni en una mesa de marketing político. Nació en una época de pólvora, de invasiones, de revoluciones y de hambre.

La letra fue escrita por Vicente López y Planes y la música compuesta por Blas Parera. Originalmente era muchísimo más larga y feroz contra la corona española. Era una canción de guerra, casi una proclama militar hecha poesía.

No era casualidad.

La patria todavía estaba en construcción y había que convencer a un pueblo entero de que valía la pena romper cadenas y pelear por algo nuevo. El Himno era una herramienta emocional y política. Una canción para unir a criollos, negros, gauchos, comerciantes, soldados y pobres detrás de una idea común.

Más de dos siglos después, la pregunta incómoda vuelve sola: ¿qué pasa cuando un pueblo deja de creer que el futuro puede mejorar?


El 58% siente que el país está peor

La encuesta de mayo de 2026 de la Universidad de San Andrés mostró un deterioro social muy fuerte:

  • El 58% cree que la situación del país empeoró.
  • El 56% afirma que su economía personal está peor que hace un año.
  • El nivel de satisfacción general cayó al 29%.
  • La insatisfacción alcanza al 68%.

Los principales problemas mencionados por la población son:

  • Bajos salarios.
  • Falta de empleo.
  • Corrupción.
  • Inflación.

Es decir: la discusión dejó de ser ideológica y volvió al bolsillo. La heladera le ganó al discurso. El alquiler le ganó a Twitter. El boleto de colectivo, el subte y el tren empezaron a pesar mucho más que las batallas culturales de internet.

Porque cuando la economía aprieta, la épica política se desgasta rápido.


Milei estabiliza apoyo, pero crece el desgaste

El estudio también muestra que Javier Milei mantiene un núcleo duro importante, pero con niveles de rechazo muy altos.

  • La aprobación presidencial se ubica en 37%.
  • La desaprobación permanece en 60%.
  • El desempeño del Poder Ejecutivo cayó al 23% de satisfacción.

En paralelo, el vocero presidencial Manuel Adorni aparece como uno de los dirigentes más golpeados:

  • 73% de desaprobación.
  • Diferencial negativo de -59 puntos.

La figura de Adorni empieza a condensar buena parte del desgaste discursivo del Gobierno. Durante meses funcionó como el rostro de una narrativa agresiva, confrontativa y provocadora. Pero en contextos de deterioro económico, el sarcasmo político suele perder efectividad. La sociedad puede tolerar discursos duros cuando siente expectativa de mejora; cuando la situación material empeora, el humor oficialista empieza a sonar lejano.


El himno y la Argentina real

Hay algo casi cinematográfico en este contraste.

En los actos escolares todavía se canta:
“Sean eternos los laureles que supimos conseguir”.

Pero afuera del acto:

  • hay comercios cerrados,
  • salarios deteriorados,
  • universidades con recortes,
  • obras frenadas,
  • trabajadores endeudados,
  • jóvenes que sienten que nunca van a llegar a la casa propia.

La Argentina siempre tuvo crisis. Lo nuevo quizás sea el cansancio emocional acumulado.

Y sin embargo el Himno sigue funcionando como un espejo raro del país. Porque incluso quienes están desencantados todavía lo cantan. Incluso quienes desconfían de la política todavía se emocionan cuando lo escuchan en un Mundial o en una ceremonia escolar.

Tal vez porque el Himno no le pertenece a ningún gobierno. Ni a Milei. Ni al kirchnerismo. Ni al PRO. Ni al peronismo. El Himno quedó por encima de todos.


La paradoja argentina: no quieren dolarización, pero tampoco llegan a fin de mes

Uno de los datos más llamativos del informe es que:

  • el 63% está de acuerdo con no haber dolarizado la economía.
  • el 47% prefiere cobrar en pesos.
  • solo el 29% elegiría cobrar en dólares.

Es un dato cultural enorme.

Porque demuestra que incluso en medio de la crisis sigue existiendo una idea de soberanía monetaria y de identidad económica nacional. El peso puede estar golpeado, desprestigiado o debilitado, pero todavía representa algo emocional para millones de argentinos.

La Argentina tiene esa contradicción permanente: critica sus símbolos todo el día, pero cuando siente que se los quieren sacar, los defiende.


Un país que vive discutiendo su destino

El Himno Nacional fue escrito en una época donde la política implicaba riesgo real. La gente se jugaba la vida. Hoy la discusión es distinta, pero el conflicto de fondo sigue siendo parecido: qué país quiere ser la Argentina.

La encuesta muestra que el malestar social crece. También muestra que todavía no aparece una figura opositora capaz de sintetizar todo el descontento. Axel Kicillof, Cristina Kirchner y Myriam Bregman concentran parte del rechazo al Gobierno, pero todavía como un archipiélago disperso antes que como una conducción unificada.

Mientras tanto, la sociedad parece suspendida en una especie de espera incómoda.

Y ahí vuelve el Himno. Viejo, solemne, sobreviviente de guerras civiles, golpes militares, crisis económicas y presidentes de todo color político.

Quizás por eso todavía emociona.

Porque la canción patria no habla de un gobierno. Habla de una aspiración. De una idea de dignidad colectiva que la Argentina persigue hace más de 200 años y que todavía, entre inflación, bronca y desencanto, sigue sin terminar de resolver.